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Wednesday, December 27, 2006
La historia conocida
Extractado de Mundo Paranormal. Enlace a la página
El fenómeno Uri Geller a examen
Después del éxito obtenido en Alemania, parecía que por fin Uri Geller había sido aceptado como un auténtico psíquico. Sin embargo, en los Estados Unidos tuvo que afrontar serias acusaciones de fraude.
Uri Geller llegó a Munich en junio de 1972 e inmediatamente dio muestra de su talento publicitario, cualidad que le convirtió en el más famoso -y rico- psíquico del mundo. La visita había sido organizada por un agente llamado Yasha Katz, quien se preocupó de que Geller fuera recibido por multitud de reporteros. Uno de ellos le preguntó: «¿Qué podría usted hacer que resultara realmente sorprendente?» Geller respondió: «Sugiera usted algo». «¿Qué le parecería parar un teleférico y dejarlo suspendido en el aire?» Tras pensarlo un momento, Geller respondió: «Por supuesto, por qué no.» Y entonces la multitud de reporteros, con ojos asombrados, le siguieron hasta la línea del funicular de Hochfelln, en las afueras de Munich.
El teleférico salió para dirigirse hacia la cima de la montaña, y Geller se concentró profundamente. No sucedió nada. Bajó de nuevo y tampoco pasó nada. Siguió subiendo y bajando. Para entonces la confianza en Geller había desaparecido y los reporteros empezaban a perder interés. Pero de pronto, ante el asombro de todos, el teleférico se paró en el aire. El mecánico llamó al centro de control y le dijeron que el interruptor principal se había apagado repentinamente. Unos minutos más tarde, los reporteros corrían hacia las cabinas telefónicas más cercanas.
Inevitablemente, solicitaron que hiciera algo más. Alguien sugirió que parara una escalera mecánica en unos grandes almacenes. Esta vez pareció que Geller no tenía suerte: las escaleras subían y bajaban una y otra vez, hasta que en el vigésimo intento la escalera se paró.
Un científico alemán, Friedbert Karger, quiso que Geller se quedara en Alemania para someterse a un estudio, pero Uri ya había sido contratado por algunos de los más eminentes investigadores científicos americanos.
Por su parte, el joven estaba saboreando las mieles de la fama. Un empresario quiso incluso que actuara en un musical y a él le encantó la idea. Cuando Puharich se enteró por teléfono de todo esto se fue inmediatamente a Alemania y persuadió a la joven celebridad de que abandonara sus planes de convertirse en el primer cantante místico del mundo, y que le acompañara a Estados Unidos.
Uno de los hechos más extraños en la historia de Geller es que no consiguió alcanzar en los Estados Unidos la misma fama inmediata que había tenido en Alemania. Parece haber dos explicaciones. Una de ellas es que los americanos no son fácilmente influenciables y tienden a mostrarse escépticos ante esos «creadores de milagros». La otra explicación se basa en que la reputación de Geller le había precedido a él, y se encontró frente a una considerable «resistencia del comprador». Las historias acerca del nuevo protegido de Puharich ya habían llegado al mundo de las investigaciones de fenómenos paranormales de los Estados Unidos, un mundo en el que Puharich era considerado como un eminente investigador científico. Según los rumores, Puharich había resultado completamente engañado por este «mago-pop» israelí. Así pues, cuando Geller llegó a Nueva York en otoño de 1972, encontró una atmósfera más bien fría.
Desde un principio, estuvo rodeado por eminentes científicos, hombres tales como Ed Mitchell, el astronauta que fue a la luna, Wernher von Braun, el inventor del cohete V-2, o el físico Gerald Feinberg. Geller se sentía receloso y disgustado; sin embargo, sus poderes parecían estar dando excelentes resultados. En la oficina de Von Braun realizó una interesante variante del fenómeno de romper el anillo, aplastando el anillo de boda de oro que Von Braun sostenía fuertemente en su propia mano. Luego Von Braun descubrió que las pilas de su máquina calculadora se habían gastado aunque las había repuesto aquella misma mañana. Geller tomó la calculadora entre sus manos y cuando después Von Braun apretó el botón de encendido, descubrió que la calculadora funcionaba, pero que la pantalla mostraba números inconexos. Geller probó otra vez y consiguió que la calculadora funcionara normalmente. Era absolutamente imposible que alguien la hubiera manipulado; ni siquiera un ilusionista podría llegar hasta el circuito de una calculadora herméticamente cerrada. Von Braun concluyó que Geller podía producir extrañas corrientes eléctricas, suposición razonable y probablemente correcta.
El regreso de los «Espectros espaciales»
A pesar de estos éxitos, Geller estaba tenso y desilusionado. Entre otras cosas, los «espectros espaciales» estaban actuando de nuevo. En una habitación de un hotel de Washington un cenicero se elevó por encima de la mesa, como movido por manos invisibles. Después, el magnetofón empezó a funcionar por sí mismo. Cuando Puharich, que estaba presente, hizo volver la cinta hacia atrás, habló de nuevo la extraña voz metálica que habían oído por primera vez en 1971, diciendo que la nave Spectra pronto aterrizaría en la Tierra, pero sólo para repostar. El «aterrizaje en masa» prometido en anteriores entrevistas iba a tener lugar más tarde. También dijeron a Puharich -para su mayor sorpresa e irritación- que en lo sucesivo se abstuviera de realizar experimentos con Geller y que no informara a nadie de estos extraños mensajes. Al acabar el mensaje, la cinta -según declaró Puharich- simplemente se disolvió por completo. Los mensajes posteriores que llegaron a través del magnetofón insistieron de nuevo en que Puharich renunciara a sus planes de realizar pruebas científicas. Como es lógico, Puharich se inquietó profundamente. Esos seres del espacio exterior -si es que venían de allí- estaban dando al traste con sus planes. Incluso Geller se mostraba inesperadamente escéptico; aseguró que los «seres del espacio» eran payasos que estaban gastándole bromas pesadas.
Todo esto culminó en un suceso muy significativo que Puharich menciona únicamente en un párrafo de su libro sobre Geller, pero que muy bien podría contener la clave del misterio.
Una tormenta psíquica.
Cuando Puharich dijo a Geller que estaba decidido a ignorar a los «seres del espacio» y continuar con los planes sobre los experimentos, Geller perdió la paciencia y le arrojó un azucarero a la cabeza. Puharich se indignó. En aquel preciso momento, fuera se puso a soplar un viento muy fuerte que sacudía los árboles, y un reloj de péndulo cruzó rápidamente la sala y se hizo añicos. Fuertemente impresionado, pero todavía resuelto, Geller le rogó a Puharich que olvidara a los científicos. Pero él se mantuvo en sus trece y finalmente consiguió su propósito.
Parece ser que estos increíbles sucesos -suponiendo que Puharich los explique tal como sucedieron- confirman que ciertos poderes «sobrehumanos» entraron en juego. Sin embargo, todos los investigadores de fenómenos paranormales saben que los poltergeists pueden producir efectos muy semejantes. Y también están todos de acuerdo en que los poltergeists están estrechamente conectados con las mentes inconscientes de uno o varios seres humanos.
Si los «seres del espacio» realmente existieron, ¿por qué le ordenaron de repente a Puharich que abandonara las investigaciones científicas que anteriormente habían aprobado? Por otro lado, resultaría perfectamente comprensible si las extrañas manifestaciones se hubieran originado en la mente inconsciente de Uri Geller. Él quería ser famoso y (a ser posible) rico, y la idea de ser examinado por científicos escépticos le preocupaba. Significativamente, el único proyecto para el cual los «seres del espacio» dieron su consentimiento fue la filmación de una película sobre la vida de Geller.
Puharich cuenta cómo al día siguiente de la «tormenta», su cariñoso perro labrador de color negro de repente mordió a Geller en la muñeca. El día anterior este mismo perro había desaparecido repentinamente de la cocina ante sus propios ojos, y unos momentos después fue visto caminando hacia la casa a unos 65 metros de distancia: había sido teleportado misteriosamente por los hombres del espacio, según Puharich, para demostrar su poder. Pero quizá el perro lo supiera mejor que ellos. Quizá sabía intuitivamente que el verdadero culpable era el propio Geller, o, mejor dicho, un desconocido que vivía en la mente inconsciente de Geller.
Unos días más tarde empezaron las pruebas científicas. Se realizaron en el Instituto de investigación de Stanford (California) y fueron dirigidas por el doctor Harold Puthoff y Russell Targ. Tan pronto como empezaron las pruebas, Geller se dio cuenta de que no tenía nada que temer. A la mayoría de los psíquicos les resulta muy difícil actuar cuando se encuentran en un laboratorio; sin embargo, Geller no tenía tales problemas. Tan pronto como empezó a concentrarse para intentar doblar un anillo de latón, el monitor de televisión a través del cual estaba siendo observado empezó a deformarse, y las deformaciones se producían cada vez que la cara de Geller se torcía al concentrarse. Evidentemente, estaba provocando un efecto eléctrico misterioso. Al mismo tiempo, una computadora del piso de abajo empezó a estropearse.
Seguidamente, se le realizó una prueba de percepción extrasensorial. Su éxito entonces fue espectacular. Se colocó un dado en una caja cerrada y se movió para que rodara; entonces le pidieron a Geller que adivinara qué lado contenía el número más alto. Acertó en todos los casos. Más tarde pusieron diez latas vacías boca abajo sobre una mesa, y escondieron un pequeño objeto debajo de una de ellas; entonces Geller fue conducido a la habitación y le pidieron que adivinara qué lata contenía el objeto. De nuevo sus aciertos fueron increíbles -doce de catorce intentos. También se le pidió que duplicara dibujos colocados en sobres cerrados y dobles; una y otra vez sus respuestas fueron sorprendentemente correctas. Sin embargo, cuando se escogieron unos determinados dibujos al azar de entre un montón que habían sido trazados por muchas personas que se encontraban en el edificio -de forma que ni los propios científicos tenían idea de lo que había en el sobre- los aciertos de Geller se redujeron al mínimo. Esto sugiere que su éxito en los experimentos de los dibujos depende mucho de la telepatía o «lectura de la mente», pero no puede explicar los experimentos con el dado, que ponían de manifiesto auténtica PES sin telepatía.
Los escépticos desafían a Uri Geller.
A medida que parecía que Geller superaba las pruebas más difíciles y que demostraba la autenticidad de sus poderes, su visita a América empezó a ir mal. Se le pidió que se presentara en las oficinas de la revista Time, pero el «fotógrafo» que concertó la entrevista era, de hecho, un mago profesional llamado Charles Reynolds. Puharich sospechó que los magos americanos estaban tramando «linchar» a Geller, y tenía razón. James Randi -uno de los ilusionistas más célebres desde Houdini- estaba convencido de que Geller era un farsante, y estaba decidido a desenmascararlo. Puharich no tenía ninguna intención de permitir que Geller fuera puesto a prueba por esa caterva de magos de farándula; sin embargo, Geller se daba cuenta de que su negativa sería considerada como un indicio de culpabilidad. Así pues, el 6 de febrero de 1973 él y Puharich se presentaron en las oficinas de Time.
Geller estaba comprensiblemente nervioso, ya que tenía que enfrentarse con la manifiesta hostilidad de dos magos y dos editores de Time. Sin embargo, consiguió demostrar sus poderes telepáticos al duplicar un dibujo que se encontraba en un sobre cerrado. Después de esto, dobló un tenedor frotándolo suavemente con su dedo; el tenedor siguió doblándose después de que lo hubiera soltado. Charles Reynolds le ofreció a Geller la llave de su propio apartamento -para asegurarse de que no hubiera ningún «cambio»- y Geller la dobló concentrándose; de nuevo, la llave continuó doblándose después de que Geller la hubo soltado.
En conjunto, Geller actuó de una forma muy satisfactoria y había razones para que esperara un informe favorable. No obstante, el artículo que apareció en Time unas semanas después era condenatorio. Los dos magos afirmaban que podían repetir fácilmente cada uno de los «trucos» de Geller, y que Randi de hecho lo hizo cuando Geller había abandonado la oficina. El artículo acababa afirmando -en contra de la verdad- que Geller había sido obligado a abandonar Israel de una forma vergonzosa después de que un experto en computadoras y algunos psicólogos hubieran repetido sus proezas y le acusaran de fraude.
Por lo que se refiere al gran público americano, el mito de Geller ya había desaparecido por aquel entonces; se había «probado» que era un mero estafador. Y puesto que Time tenía una circulación mundial tan inmensa, ni Geller ni Puharich pudieron hacer nada. A finales de marzo de 1973 parecía que la carrera sorprendente de Uri Geller estaba llegando a su fin, sólo unos 18 meses después de que hubiera empezado. Sin embargo, cuando Puharich se sentó en su despacho a escribir las primeras líneas de su libro: Uri: A journal of the mistery of Uri teller (Uri: Diario del misterio de Uri teller) experimentó una íntima convicción de que no todo había acabado allí. Por su parte, Geller estaba resuelto a actuar de tal modo que los escépticos tuvieran que tragarse sus palabras.
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La historia verdadera
EL FLAUTISTA DE HAMELIN
La verdad sobre Uri Geller. Estimado profesor Velmont: Acabo de ver por el Canal Infinito de Argentina algo así como una biografía del telequinético Uri Geller, el famoso “mago” que doblaba las cucharas. Sé que no puede ser ninguna clase de truco porque mis padres en persona fueron a verlo en Inglaterra y llevaron un reloj descompuesto, sin pila alguna, y Uri lo hizo andar, y nuevamente en Argentina, cuando se presentó en el teatro, llevaron, como todos los argentinos, una cuchara de plástico y otra de metal, como para asegurarse de que no tenga nada que ver con algo magnético, pero las dobló a ambas. Querría saber qué es lo que tiene este enigmático personaje, si tiene contactos extraterrestres como él dijo en su biografía, o si simplemente es una persona que tiene más de 10 % de porcentaje de cerebro y por eso puede leer mentes y sobres cerrados y reproducir lo que hay en ellos.”. Brian F.
RESPUESTA Apreciado Brian: Yo también tenía la misma intriga que tú, y aunque sospechaba cuál era la verdad, también pensaba que podía haber de parte de Uri Geller algún tipo de habilidad que lo hiciera de alguna manera “especial”, pero en esto, como verás, me equivoqué. Pero nada mejor que sea el propio Ron Hubbard quien te lo aclare. Te transcribo los diálogos que sostuve con el Maestro sobre este tema en la sesión del 3/8/04, y que considero definitivamente aclarado. Bienvenido al Club. Un fuerte abrazo. Horacio.
Interlocutor: . Ahora paso a otro tema que verdaderamente me tiene muy intrigado y es el caso de Uri Geller. Este tema hace algunos años se lo pregunté y usted me dijo que era un fraude, pero en ese momento no profundicé y, como se dice vulgarmente, “me quedó en el tintero”. La intriga proviene de que por más que sea un fraude, hay testigos presenciales, incluso científicos individuales y de universidades muy conocidas que lo han investigado y que dan fe de sus facultades -no digo poderes, porque sé que en el plano físico nadie los tiene, sino dones- , para influir sobre los metales y otros objetos. Particularmente se hizo famoso por doblar cucharitas “con la mente”. Ron Hubbard: Generalmente son trucos preparados porque las cucharas se ablandan de antemano y luego con un ligero frotamiento de los dedos se doblan Interlocutor: ¿Y los espíritus del Error? Ron Hubbard: Pueden producir ese efecto en el plano físico haciendo foco. Pero esto no tiene nada que ver con poderes ni con milagros, porque no existen. El plano físico tiene leyes que no pueden ser violadas y entre esas leyes está la que dice que no se pueden doblar cucharitas con la mente. En concreto, Uri Geller trabaja con los espíritus del Error. Interlocutor: ¿Pero él cree que tiene algún poder? R on Hubbard: Como lo creería cualquier persona. Interlocutor: ¿Pero él es consciente de que está siendo asistido por los espíritus del Error? Ron Hubbard: Al contrario, piensa que está siendo asistido por seres de Luz. Interlocutor: En síntesis, Uri Geller cree que, por un lado, tiene poderes, y por el otro que lo asisten seres de Luz. ¿Es así? Ron Hubbard: Es así. Los Maestros de Luz no se prestan para espectáculos circenses porque esto no tiene nada que ver con el Servicio. Interlocutor: ¿Usted me está diciendo que en cada espectáculo que monta Uri Geller están los espíritus del Error haciendo foco para que las cucharitas se doblen y los relojes con la cuerda rota o sin pilas funcionen? Ron Hubbard: Así es. Interlocutor: ¿Y también estuvieron asistiéndolo en las investigaciones que hicieron de él en las universidades más famosas? Ron Hubbard: ¡Es el “Flautista de Hamelín” de los espíritus del Error! Interlocutor: ¡Maestro, tengo que reconocer que es usted un genio de la sabiduría y del humor, porque nada mejor que caracterizar de esa manera a Uri Geller para que cualquiera pueda entender claramente qué es lo que se esconde en realidad detrás de sus “proezas”. Recuerdo que no hace mucho leí en el diario Clarín sobre este personaje de leyenda que con su flauta mágica hizo que todos los ratones del reino lo siguieran hasta que los ahogó en el agua. Claro que después no le pagaron la suma prometida y en venganza, de la misma forma que lo hizo con los ratones se llevó a todos los niños del pueblo. Quiero dejar sentado aquí que ya se lo pregunté en una sesión si había algo de cierto en esto y usted me dijo que era un relato inventado y que el hecho nunca existió. Ron Hubbard: Lo ratifico. Interlocutor: Bien, creo que es un título muy sugestivo y lo utilizaré: “Uri Geller, el flautista de Hamelín”. Ron Hubbard: Es válido, y puedes hacerlo porque da la pauta exacta de que a esta persona lo siguen los espíritus del Error donde quiera que vaya. Interlocutor: Sín él saberlo. Ron Hubbard: Por supuesto, sin él saberlo. Interlocutor: ¿Lo siguen aún? Ron Hubbard: Mientras la persona esté encarnada y les de cabida, los espíritus del Error lo seguirán como las moscas al dulce para aprovecharse de su ingenuidad y de quienes crean en sus poderes. Interlocutor: Sintetizando este asunto para ver si entendí bien, Uri Geller cree que tiene algún tipo de poder sobre la materia y que además es asistido por los espíritus de Luz. Ron Hubbard: Así es. Interlocutor: Pero él no dice que es asistido por nadie, aunque por ahí habla de Dios o de los extraterrestres. Ron Hubbard: No lo dice porque al afirmar que tiene poderes toda la cuestión se hace más atractiva para el público, ignorante de que tales poderes no existen, y por supuesto para hacer negocio. Interlocutor: ¿Hasta qué punto los espíritus del Error pueden influir en el plano físico haciendo foco? Ron Hubbard: Puede influir mucho, y si no lo logra uno solo entonces se juntan muchos. Interlocutor: Uri Geller, frente a testigos, detuvo un funicular. Aparentemente saltó la conexión eléctrica y el aparato se detuvo. Ron Hubbard: Eso lo pueden hacer perfectamente los espíritus del Error haciendo foco, pero tendrían que juntarse decenas de ellos. Pero también tienen sus limitaciones. Por ejemplo, no pueden hacer funcionar un reloj descompuesto y sin pilas. Interlocutor: ¡Pero hay testigos que dicen que sí! Ron Hubbard: Hay muchos fraudes y también mucha histeria colectiva en estas cosas. La gente ve lo que quiere ver. Interlocutor: ¿Pero acaso los espíritus del Error, juntándose varios, no pueden hacer funcionar un reloj sin pilas? Ron Hubbard: Sí, pueden hacerlo a través de la energía enfocada. Pero sostener que un reloj sin pilas puede seguir andando es un disparate. Algo así es absolutamente imposible. Interlocutor: Pero en concreto sí pueden hacerlo andar. Ron Hubbard: Sí, pero no permanentemente. Lo hacen andar en los pocos segundos en que hacen foco, pero nada más. Los espíritus del Error no se pasan todo el tiempo haciendo foco en los relojes descompuestos o sin pila para que funcionen. Interlocutor: Entendí perfectamente el punto. Por todo lo expuesto, supongo que los espíritus del Error podrían hasta detener el Big Be, el famoso reloj de Londres, y hacerle creer a Uri Geller, a los investigadores y al público que la causa son sus “poderes”. Ron Hubbard: Totalmente. Interlocutor: Para finalizar este asunto, ¿Uri Geller tiene alguna facultad o habilidad, aunque sea mínima? Ron Hubbard: No, no tiene ninguna facultad ni habilidad ni tampoco conocimientos ni menos aún sabiduría. Interlocutor: ¿Nada de nada? Ron Hubbard: No, porque la persona que se dedica a hacer demostraciones físicas sin investigar la naturaleza de los espíritus y del reino espiritual, ni se preocupa del crecimiento ni de la elevación ni tampoco da mensajes, en nada se diferencia del ilusionista David Cooperfield. Interlocutor: ¿David Cooperfield está también asistido por los espíritus del Error o nunca? Ron Hubbard: Obviamente que sí, pero en la mayoría de los casos se trata de trucos muy bien preparados. Interlocutor: ¿También cae en la trampa como Uri Geller de creer que tiene poderes? Ron Hubbard: No solamente cree que tiene poderes sino también que está asistido por espíritus de Luz. Pero esto es algo obvio. Por ego, el espíritu encarnado nunca va a admitir que lo están asistiendo los espíritus del Error. ¿Quién lo admitiría? Interlocutor: Nadie, obviamente. Esto está claro. Ron Hubbard: En las batallas de antaño, cuando un ejército ganaba una batalla, lo primero que se decía era que los dioses los habían asistido. Nunca decían que habían sido asistidos por los demonios. Interlocutor: Aquí, en Argentina, había un famoso personaje que se hacía llamar Tu Sam y que hacía muchos números audaces de faquirismo e incluso doblaba cucharitas. Ron Hubbard: También era asistido por los espíritus del Error. Interlocutor: ¿Pero él lo sabía? Ron Hubbard: No, no lo sabía. Interlocutor: ¡Gran sorpresa se habrá llevado cuando desencarnó! Ron Hubbard: Sí, naturalmente. Pero tengo que decir a favor de este espíritu que estando encarnado desmitificaba los trucos baratos. Él trataba de hacer todo racionalmente. Y no ha descendido de nivel. Actualmente está en el 4º plano, que es un nivel de Maestría. Los espíritus del Error lo han querido jalar hacia abajo pero no han podido lograrlo. Vamos a ser honestos, no todo espíritu que encarna tiene que ser un monje tibetano o estar sirviendo o ayudando al nivel tipo Madre Teresa. Hay muchas personas que hacen una vida común, y mientras no dañen a terceros, todo está bien. Puede haber artistas, profesionales, y cada uno ayuda a su manera. No podemos desmerecer a un médico que salva vidas y poner en un pedestal a un profeta. Me quedo toda la vida con el médico o con el abogado que salva a un inocente de la cárcel. Las misiones que se cumplen en el plano físico son muchas y variadas. No todos tienen necesariamente que estar en el Servicio de la Luz por la Luz en sí. Interlocutor: ¿Uri Geller descenderá de nivel? Ron Hubbard: Presumiblemente sí, porque muchas cosas las hace con malicia, pero no soy yo quien para juzgarlo. Interlocutor: Todo esto quedó perfectamente aclarado, por lo que doy fin al tema.
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Han pasado más de 25 años desde su aparición en aquella Televisión Española en blanco y negro y recuerda cada minuto, cada fracción de la emisión, porque nunca ha llegado a tantas gentes con la pasión de entonces. Todavía le paran por la calle recordando el día en que más de 20 millones de españoles, desde sus casas, comprobaban sorprendidos cómo sus viejos relojes, obsoletos, caducos y abandonados, cobraban vida y volvían a funcionar. Cómo sus cucharas se doblaban igual que si fueran de goma a las órdenes de un fascinante muchacho israelí, enjuto, de mirada penetrante, voz amable, caliente y profunda, que aseguraba tener poderes que le permitían modificar el estado de objetos y cosas a distancia.

España entera se asombró de sus fantásticas demostraciones. Los periódicos llevaron a sus portadas la actuación de tan peculiar personaje, convirtiéndolo de la noche a la mañana en casi un mito. Ya antes había realizado apariciones en otras televisiones del mundo, pero nunca con tanto eco como en nuestro país.
Uri Geller ha vuelto. Ahora aparece como sanador, palabra contra la que él se revuelve como una lagartija: “Yo no soy un curandero. Enseño a la gente a utilizar el poder de su mente para vencer sus enfermedades, para vivir más y mejor… Siempre he sabido cómo hacerlo. Desde hace más de 30 años he atendido a las personas que venían a mí, ya en Israel, pidiéndome ayuda para curar a sus niños enfermos, incluso de cáncer. Ahora, al cabo de 30 años, es cuando he decidido difundir mis conocimientos”.
Cayó herido en la Guerra de los Seis Días. Una bala le atravesó el brazo a la altura del codo y los médicos dieron por seguro que jamás volvería a moverlo. “Recuerdo que me rebelé contra aquel diagnóstico. Puse a funcionar mi mente, hablaba incluso con el brazo dándole órdenes para que no continuara muerto, para que funcionara. Hoy en día, ya lo ves, está prácticamente perfecto. Mi mente y mi firme determinación lo curaron”.
Geller es un vendedor. Un vendedor de ideas, las suyas, que hace su trabajo con una pasión fuera de lo común. Es un actor en el papel de predicador de sus propias convicciones. Si fuera un político estoy seguro de que le votaría. Tal es el atractivo que emana de este hombre, al que de nuevo la prensa de todo el mundo le abre sus páginas para que cuente a los cuatro vientos su mensaje. Confiesa haber estado a punto de morir por la bulimia. “Recuerdo un día en Nueva York, en la 57 esquina con la Primera Avenida. Apenas pesaba 40 kilos con mi 1,80 de estatura. No podía ni salir del coche. Me fallaban las piernas, me veía morir. En ese momento recuerdo que grité con todas mis fuerzas, en plena calle: `Un, dos, tres, ¡basta!’. Y hasta hoy, nunca más he vuelto a vomitar intencionadamente una comida. Ahora recibo cientos de cartas de personas que sufren bulimia en silencio y no saben cómo salir de ella. Les ayudo, les cuento mi experiencia. Y no crean que la bulimia es cosa de mujeres únicamente; hay miles y miles de hombres que sufren esta enfermedad, viendo cómo los ácidos les están matando lentamente sin encontrar un camino de salida”.
Pregunta.- ¿Cualquiera puede utilizar la mente como usted?
Respuesta.- Tú mandas en tu cerebro, eres su dueño, y él tiene la energía suficiente como para ayudar de manera efectiva y real en el proceso de curación…
P.- Esto no tiene nada que ver con la historia de las cucharas que se doblan…
R.- No, nada. Aunque quizás a mí me resulte más fácil por los poderes o la fuerza que evidentemente poseo para trabajar con las cucharas, por mis dotes telepáticas… Hasta mí llegan personas que están prácticamente desahuciadas y que ya lo han intentado todo, especialmente padres con sus niños. Ellos han probado mis prácticas con excelentes resultados. Y que nadie piense que esto es un negocio, porque yo no necesito el dinero. No cobro nada y los derechos de mi último libro, Curar con la mente, como los de todos los demás que he escrito, van destinados a obras sociales.
P.- ¿Cuándo se dio cuenta de que realmente tenía algún tipo de poder, fuerza o sensibilidad extraordinaria?
R.- De pequeño. Mi madre, que procede directamente de la familia Freud, ¡sí! de Sigmund Freud, siempre lo achacaba a algún tipo de herencia por esa parte. Mi nombre es Uri Geller Freud. No lo sé, yo no encuentro una explicación coherente, racional, para mis poderes.
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Cuando habla utiliza sus manos, largas y afiladas, como instrumentos de convicción, acompañando en una especie de baile ritual a sus palabras. Si miente, es un gran mentiroso, un magnífico mentiroso. Aunque no seré yo quien se atreva a afirmar que lo sea. Le he visto doblar y romper cucharas con sólo frotarlas en infinidad de ocasiones, privadamente, en público, ante periodistas, investigadores, escépticos y gente sin mayor instrucción. Le he visto realizar pruebas de telepatía y he sido protagonista pasivo y activo de las mismas muchas veces. Es difícil no creer en lo que uno ve. Y lo que uno ve junto a este personaje no suele tener explicación. Pasa y ya está. Ha sido estudiado por científicos de medio mundo y ninguno de ellos ha conseguido explicar de forma lógica sus poderes. Los tiene y basta.
No se considera un hombre especialmente religioso, aunque tiene las ideas muy claras al respecto. “Creo en Dios, en un Dios creador de todo el universo. Entiendo que una fuerza superior nos ha creado. También creo en el poder de la oración. Sirva este ejemplo: en la Universidad de Yale, Estados Unidos, científicos y médicos llevaron a cabo no hace mucho un curioso experimento que prueba lo que digo. Separaron a dos grupos de personas con la misma enfermedad, y un tercero recibió el encargo de rezar por uno de ellos. Al cabo de poco tiempo, dichos enfermos comenzaron a recuperarse rápidamente mientras el resto seguía el curso normal de su mal. Hay algo en la oración que emana una energía positiva que ayuda a quien lo necesita”.
“Creo en Dios, en un Dios creador de todo el universo, y en la oración, que emana una energía positiva”
P.- Muchos escépticos le consideran un mago de poca monta, una especie de engañabobos…
R.- No me preocupa. Lo que yo hago es verdad. Lo han comprobado científicos e investigadores. Algunos ilusos han llegado a decir que el secreto de mis actuaciones telepáticas reside en un pequeño transmisor que llevo en uno de mis dientes, pero he demostrado que hago ejercicios de telepatía con cualquiera y en cualquier momento. Lo he hecho hoy mismo delante de varios periodistas y con el camarero de este hotel. Soy como soy y ya está. Soy feliz. Parte de esa felicidad se la proporcionan sus libros. Dedica la mayor parte de su tiempo a escribir, especialmente novelas. La última, Ella, ha recibido críticas favorables por parte de los especialistas. Pero lo que más le interesa es que su mensaje se difunda, ayudar a quienes necesitan algún tipo de apoyo. Y no tiene apuro en hacer pública su dirección de Internet, que brinda a quienes quieran ponerse en contacto con él: urigeller@compuserve.com
P.- Lo suyo parece una ONG.
R.- No es eso, es que la felicidad de los demás me hace feliz. Creo en el ser humano. Pero para encontrarse bien hay que aprender a desprenderse de lo superfluo. Recuerda las palabras sabias de quien dijo aquello de “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. No debemos dejarnos arrastrar por una sociedad en extremo consumista y capitalista. Uri Geller está siempre alerta. No descansa. Pone el mismo énfasis al principio de la charla que al final. Se declara defensor a ultranza del planeta humano y enemigo directo de cuanto elemento pueda ponerlo en peligro, comenzando por la polución, para pasar de inmediato a las armas nucleares.
P.- ¿Recuerda aquella ocasión en la que estuvo invitado por el vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, en una de las reuniones con los representantes de la antigua Unión Soviética en las que se trataba sobre la desnuclearización?
R.- Cómo lo iba a olvidar, si mi única misión consistía en mirar fijamente a los ojos de Yuri Veronsho, jefe de la representación soviética, para tratar de ver, de comprobar si estaba diciendo la verdad. Actor, mago, embaucador, pastor, profeta, qué más da. Este israelí guarda su secreto celosamente y no busca más pago por cuanto hace que una sonrisa, una palabra de agradecimiento y saber que con sus libros, con su ayuda, puede alegrar a los demás. Por menos de eso han subido a los altares muchos santos a los que hoy se rezan interminables plegarias.
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Uri Geller contra la maldición del pueblo de Carlisle
OLALLA CERNUDA
MADRID.- Desde hace años, el pueblo inglés de Carlisle vive bajo una auténtica maldición: inundaciones, plagas de fiebre aftosa, altísimos índices de desempleo y una sequía de goles del equipo de fútbol local que les ha llevado a bajar de categoría. La culpa, dicen las autoridades locales, la tiene la ‘Piedra Maldita’, una roca con un grabado de una maldición hecha en 1525 que sólo trae males a la región. El mentalista Uri Geller se ha ofrecido para deshacerse de la piedra y librar al pueblo de la maldición.
Los problemas de esta pequeña localidad del norte de Inglaterra comenzaron en el año 2001, cuando el ayuntamiento encargó al artista Gordon Young que grabara sobre una roca la maldición, recogida en algunos libros, que en 1525 hizo el arzobispo de Glasgow “contra los que osaran saquear, destruir o robar en sus territorios”.
En total, 1.069 palabras que en un principio estaban destinadas a los pueblos “bárbaros del norte, que hacían incursiones en la región”, y que desde desde 2001 son una de las mayores atracciones del Museo municipal.
Y es entonces cuando empezaron los males del pueblo. Primero fue la plaga de fiebre aftosa que casi acabó con la producción porcina local. Después vino el incendio “de proporciones bíblicas”, el cierre de varias fábricas que dejaron en el paro a decenas de personas, el asesinato de un niño y este último invierno, unas inundaciones que han arrasado con cultivos, parques y calles de Carlisle. Eso por no hablar de la desgracia que ha caído sobre el equipo local de fútbol, que ha bajado de categoría y ha sido incapaz de marcar un gol en los últimos partidos.
La preocupación popular ha llegado a tal extremo que varios políticos locales llegaron a la conclusión de que había que destruir la piedra, aunque finalmente esa posibilidad fue rechazada por el pleno del ayuntamiento.
“La gente de Carlisle ha demostrado que toma decisiones racionales”, dijo el alcalde Mike Mitchelson a la BBC. Aunque el consistorio sigue buscando, junto al obispo de Carlisle, una salida a la situación.
La solución, sin embargo, puede venir de tan lejos como Israel. De allí es el mentalista Uri Geller, que se ha ofrecido a “sacar la piedra de allí, ponerla en mi jardín y exorcizarla”. Según el showman, afincado en Inglaterra desde hace tiempo, “el libro de las maldiciones dice que hay un antiguo centro curativo en mi jardín, así que utilizaré mi péndulo para limpiar las piedras de las fuerzas del mal que traen las maldiciones”.
Los vecinos de Geller, en el pueblo de Sonning-on-Thames, todavía no se han pronunciado, pero ya son muchos los que en Internet piden que no lleven la piedra Maldita allí. De momento, la gigantesca piedra permanecerá en su sitio.

Doblar cucharas con la mente
Hace un par de meses, en TVE 1 apareció, una vez más, el inefable Uri Geller doblando cucharas con la mente. Los presentadores: José María Iñigo –una vez más– y Concha Velasco –nueva en estas lides– insistieron en que era verdad que Uri Geller doblaba cucharas con el poder de la mente. Está claro que Uri Geller no dobla las cucharas con la mente, pero usted sí puede hacerlo.
(F.A.de B.)
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Hace unos días, tuve una reunión en la que había media docena de personas entre los cincuenta y sesenta años de edad, y una docena de jóvenes. No sé muy bien porqué salió el tema del programa de Iñigo/ Velasco con el prestidigitador húngaro/ austriaco/israelí Uri Geller, que debió de tener lugar en TVE1 el miércoles 19 de septiembre del 2001.
Yo no vi el programa; pero por lo que me contaron fue lo de siempre, con especial énfasis en doblar cucharas. Me sorprendieron varias cosas. La primera es que los jóvenes nunca habían oído hablar de Uri Geller ni de doblar cucharas. Eso lo entendí a medias; la primera vez que Uri estuvo en España, en el programa de Iñigo, fue en el año 1975, si no recuerdo mal. Hace demasiado tiempo para que ellos lo hubieran visto; aunque no dejaba de sorprenderme porque con posterioridad había estado de gira por varias televisiones locales, incluyendo la ETB del País Vasco. Pero lo que me desconcertó del todo es que las personas mayores de cincuenta años tampoco se acordaban de Uri Geller. En principio me pareció estupendo. “Por fin, las tonterías del doblacucharas profesional nacido en Israel se han olvidado”, pero… –¡Ah, ya sé de que programa hablamos! –dijo una de las señoras– me llamó mi hermana para decirme que mirase la televisión, que había un señor que doblaba cucharas con el pensamiento. Y me puse a verlo. Estuvo muy interesante. ¡Qué poderes!, ¿verdad? –A mí me pasó lo mismo –añadió otra–, me llamó mi prima para decírmelo. Fue extraordinario. ¡Qué poderes! Entonces mi primera impresión de que “por fin las tonterías de Uri Geller se habían olvidado” se vino abajo. La falta de memoria hace que los espectadores repitan los mismos errores que otros, y ellos mismos, cometieron en su día. Con una diferencia notable, la primera vez que salió Uri Geller era novedad. Nos pilló de sorpresa. Pero en los siguientes días varios periódicos publicaron que hacía trucos, que era un antiguo prestidigitador israelí travestido en dotado. Después salió el libro de Ramos Perera [1975] en el que, entre otras cosas, había fotos de Uri Geller, en su actuación de 1975 en el programa de Iñigo, en las que se veía la cuchara ya rota antes de empezar a doblarla “con la mente”. Después aparecieron muchos libros entre los que destaco el de James Randi [1982]. Creer, en 1975, que Uri podía tener algún poder era absurdo pero mucho menos que seguir pensándolo hoy cuando ya se han publicado multitud de libros, artículos y programas de televisión mostrando el fraude del supuesto “dotado”. Siempre había pensado que las creencias en poderes paranormales debían ir evolucionando porque se veían obligadas a ello, ya que los “escépticos” demostraban su falsedad. Pero estaba equivocado. En temas paranormales no importa cuantas veces se demuestre que una cosa es falsa, siempre habrá más creyentes. Y probablemente, cuanto más se demuestre que es fraude, más se hablará de ello y más creyentes habrá. ¡Qué cruz! ¡Un buen mito nunca muere! La gente, tanto la joven como la mayor, me sorprende por su credulidad, pero ¿qué decir de esa televisión pública –TVE1– que vuelve a traer a Uri Geller 26 años después, tras haberse publicado cómo se hacen sus trucos? ¿Qué pensar de un presentador –José María Iñigo– que tras 26 años vuelve a traer al mismo mago y vuelve a decir que no hay truco, después de haber leído el libro de Ramos Perera? Les recuerdo que en ese libro se ven las fotos con el truco al descubierto tal como se emitió en el programa de Iñigo. ¿Qué Iñigo no ha leído el libro? Lo dudo. Yo mismo le envié una copia y me conocía perfectamente pues había estado en sus programas. ¿Qué pensar de los responsables de los medios de comunicación públicos –subrayo públicos– a los que sólo preocupa la audiencia y hacen caso omiso de la calidad de los programas que emiten? ¿Qué pensar de un parlamento que tolera una televisión pública con programas de este estilo y sigue financiándola con nuestro dinero? ¿Cómo justifican dicho dinero? ¿Si hacen los mismos programas basura que el resto de televisiones, el tener doble financiación –pública y privada–, no es competencia desleal? ¿Qué dicen nuestros gobernantes?… Mis reflexiones siguen y siguen pero no quiero aburrirles. Además no quiero ser fraudulento, el título era “Doblar cucharas con la mente” y todavía no les he enseñado a hacerlo. Para doblar cucharas con la mente usted necesita el intermedio de un ordenador. La máquina lee su electroencefalograma y aprende cómo diferenciar las señales que usted produce cuando está activo y cuando se encuentra en reposo. La máquina le pide que se relaje y cuando usted lo logra, una cuchara virtual, representada en el monitor del computador, se dobla. Sí, así, tal cual, usted dobla la cuchara con el poder de su mente cuando ésta está relajada. La relajación, tal como dicen los parapsicólogos, ya ven ustedes que resulta fundamental. –Claro, pero eso es trampa, no es una cuchara de verdad. No se preocupe, de momento, el programa informático, desarrollado por el Korea Research Institute, la dobla en una pantalla de computador. Sin embargo, no hay ningún problema en poner una cuchara real en las manos de un robot y que éste, al verle a usted relajado, doble la cuchara. Como usted sea una persona tranquila ¡vaya gasto en cucharas! BIBLIOGRAFÍA Perera, Ramos (1975). Uri Geller al descubierto. Sedmay Ediciones. Randi, James (1982). The truth about Uri Geller. Prometheus. (la edición revisada es de 1982). |
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“Tú eras un pionero y ahora
esto es ciencia, ciencia pura”. (Eduardo Punset a Uri Geller.) Si existiera un concurso de credulidad televisiva, los responsables del programa Redes (en La 2 de TVE), se llevarían el primer premio. El 12 de febrero, dicho programa trataba sobre El poder de la mente, título que de inmediato nos puso en estado de alerta. Y con razón: la entrevista que hicieron al terror de las cuberterías, el psíquico doblador de cucharas Uri Geller, nos dejó patidifusos. Qué entusiasmo el de Eduardo Punset, ex-ministro de Economía y director de Redes, entrando en la casa de Uri. En un instante, comienzan a conversar sobre los viejos tiempos, cuando Geller visitó España allá por 1975. En aquella época, cuenta Punset, un realizador de su programa dejó dos cucharas sobre la mesa tras ver a Geller en la tele. A la mañana siguiente, -“No te lo vas a creer, Uri”-, una de las cucharas amaneció gellerizada, es decir, doblada. Aquello nos pareció delirante: se suponía que Redes era un espacio dedicado en parte a la divulgación científica. Quedaba aún mucha entrevista, y nos preparamos para intentar reír en lugar de llorar. A continuación, Geller afirma que sus poderes son un don que le ha dado Dios, pero que, por otra parte, todo el mundo tiene ese poder. Él, Geller, es un catalizador, disparador o palanca, que desata el poder de la gente. Y cuando dice palanca no se refiere a la forma estándar de agarrar una cuchara con la mano y presionar con el pulgar hasta que se dobla cuando el público no presta atención. Punset y su equipo no parecen haberse enterado de lo mucho que ha llovido desde 1975, cuando “masas de gente enloquecidas” daban varias vueltas a El Corte Inglés, haciendo cola para ver a la supermente en acción. Hoy, hasta los crédulos más cabezotas saben que los poderes de Uri son trucos de ilusionismo que cualquier buen mago puede hacer. Ese mismo año, 1975, James Randi reveló los trucos de Uri en su libro The magic of Uri Geller 1 Tres años más tarde, Yasha Katz, sintiéndose utilizado por Geller, acaba confesando cómo le había ayudado a engañar al público y a la prensa. Pero Uri no es tonto. Sabe que ha pasado el tiempo, y que en ciertos lugares perdidos del mundo -España, por ejemplo- mucha gente sigue pensando que es una especie de super-hombre del planeta Kripton. Bien, sigamos con la palanca ¿Qué explicación tiene? Uri recurre al topicazo nuevaerense utilizado por todo charlatán para dar credibilidad a los más variados disparates. Atención: “Solo usamos el 10% de nuestro cerebro”. Es una pena que casi todos utilicemos el 100% de nuestro páncreas; de lo contrario, ¡quién sabe la magnitud de los poderes paranormales añadidos que podríamos disfrutar! Pero, a continuación, Punset reúne todo el escepticismo del que es capaz. A Geller le han estudiado importantes científicos, pero ¿han llegado a alguna conclusión? “¿Sabemos algo más que hace veinte años?”, le espeta a Geller. Sí, señor Punset, sabemos algo más que hace veinte años. Sabemos cómo dobla Geller todo tipo de útiles de cocina, y no precisamente con la mente. Sabemos cómo sus compinches le transmitían las respuestas mediante códigos visuales cuando se trataba de mostrar su percepción extrasensorial o cómo mandaba a su manager que lanzara objetos al aire para que pareciese que se materializaban junto a Uri… Pero Uri, blandiendo un ejemplar de la prestigiosa revista científica Nature, en el que dedican 17 páginas a sus poderes 2, afirma que puede encontrar oro y petróleo, y, por supuesto, que no falte, curar a la gente. Y Punset parece encantado de tratar con semejante fenómeno. A continuación viene el truco del dibujito. Punset garantiza que Uri no ha podido ver lo que hay en el papel que lleva en el bolsillo, porque “lo he hecho antes de llegar a su casa”. Geller, como siempre en estos casos, se pone humilde. Va a intentar visualizarlo, pero muchas veces falla. Agarra rotulador y papel y se pone a la tarea. “Mira, Eduardo, me está saliendo un dibujo y estoy preocupado, porque es demasiado sencillo. Normalmente la gente dibuja una flor, un árbol, una casa o un barco, pero esto no es realmente un dibujo, sino una figura geométrica”. Casi exactamente las mismas palabras que pronunció en Crónicas Marcianas, programa en el que adivinó una simple línea en zig-zag. En Caiga Quien Caiga, tampoco estuvieron muy pictóricos. Curiosamente, las tres veces que hemos visto a Geller hacer el truco del dibujito en su última visita a España, se ha enfrentado a sencillas formas geométricas. Parece que en este país no somos muy dados a los arbolitos y las casitas, o bien que Geller hizo algunas recomendaciones. Efectivamente, Uri consigue adivinar el dibujo de Punset: un triángulo equilátero. ¿Cómo lo hace? ¿Compinches ojeadores? ¿Algún sistema de calco (Uri insiste en el idéntico tamaño de ambas figuras)? ¿En qué condiciones hizo el dibujo Punset? ¿Sobre qué papel ¿Junto a quiénes? “No sé cómo lo hago”, asegura Geller inocentemente. No va de ilusionista, sino de Homo paranormalis, el siguiente eslabón en la cadena evolutiva, un eslabón agraciado por Dios, para más inri. Pero ¿y si hubiera fallado? Podría deberse, explica Geller, a tener enfrente a una persona no predispuesta. “Contigo, vi que no tenías prejuicios -le dice a Punset-, que eras una persona abierta, simpática”. “Gracias -dice Punset-, acepto que no tengo un sentimiento negativo ante estos fenómenos”. ¡No hace falta que lo jure, señor Punset! Ernesto J. Carmena 1. Randi, James: The magic of Uri Geller. Ballantine Books. Nueva York 1975. 2. El editorial de ese número de Nature (Octubre de 1974) explica que la intención de publicar el informe del SRI sobre la percepción extrasensorial es simplemente la de mostrar un ejemplo del modo de experimentación en el campo de la parapsicología. Según los árbitros, el artículo tiene un diseño y presentación muy débiles, siendo desconcertantemente vagos los detalles aportados acerca de cómo fueron realizados los experimentos. |

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La mágica facilidad con que Uri Geller dobla metales le ha hecho famoso en todo el mundo. Pero, ¿cómo lo hace? ¿Cuál es la fuente de sus extraordinarios poderes? |
En el verano de 1971, los adolescentes israelíes empezaron a hablar de un nuevo ídolo pop; no un cantante ni un disc-jockey, sino un mago teatral: Se llamaba Uri Geller, y su popularidad seguramente se debió a que era alto y guapo, y sólo tenía 24 años. Pero su actuación era enormemente original. ¿Quién había oído hablar de un «mago» que reparara relojes sólo con mirarlos? ¿O que doblara cucharas masajeándolas suavemente con los dedos? ¿O que rompiera anillas de metal sin necesidad de tocarlas?
Comentarios sobre su «magia» llegaron a oídos del conocido investigador psíquico norteamericano Andrija Puharich, quien se trasladó a Israel para investigar. El 17 de agosto de 1971 Uri Geller estaba actuando en una discoteca de Jaffa, y Puharich fue a verlo.
Lo primero que le llamó la atención fue el hecho de que Geller era un actor nato, y aunque el espectáculo, en general, decepcionó a Puharich, el último «truco» le impresionó más. Geller anunció que rompería una anilla sin tocarla, y una mujer del público ofreció una anilla de su vestido. Geller le dijo que la mostrara al público y después que la apretara con fuerza en la mano. Luego colocó su propia mano sobre la de ella y la dejó allí unos segundos. Cuando la señora abrió la mano la anilla estaba rota en dos trozos.
Después del espectáculo, Puharich preguntó a Geller si estaba dispuesto a someterse a varias pruebas científicas al día siguiente. Hasta aquel momento, Geller se había negado, pero aquella vez asintió.
La primera prueba convenció al investigador. Geller puso un bloc sobre la mesa y después pidió a Puharich que pensara tres números. Puharich eligió 4, 3 y 2: «Ahora de la vuelta al bloc», dijo Geller. Puharich lo hizo y halló los números 4, 3 y 2… escritos antes de que hubiese pensado en los números. De algún modo, Geller había influido en él para que eligiese los números.
Este hecho sugiere que Geller puede hipnotizar a la gente por medios telepáticos, pero hay que preguntarse si eso explica también los hechos misteriosos y sobrenaturales que ocurrieron después. En demostraciones posteriores, Geller siguió elevando la temperatura de un termómetro con sólo mirarlo fijamente, moviendo la aguja de una brújula con sólo concentrarse en ella, torciendo el chorro de agua que salía de un grifo acercando un dedo a él. La conclusión de Puharich fue que Uri Geller no era un mero ilusionista; era un psíquico genuino, con un indudable dominio sobre la materia, facultad que se denomina psicokinesis.
Geller admitió que no tenía la menor idea de la forma en que había logrado esos curiosos poderes. Había adquirido conciencia de ellos cuando era muy pequeño. Cuando empezó a ir a la escuela, su padrastro le regaló un reloj, pero siempre parecía estar estropeado. Un día, mientras Geller lo miraba, las manecillas comenzaron a moverse cada vez más rápido, hasta que giraron a toda velocidad. Entonces empezó a sospechar que él mismo podía ser el causante. Pero no tenía control sobre esta sorprendente habilidad. Un día, mientras tomaba sopa en un restaurante, el plato se cayó al suelo. Y después las cucharas y tenedores de las mesas cercanas comenzaron a doblarse. Los padres de Geller estaban tan preocupados que pensaron en llevarle a un psiquiatra.
A los trece años comenzó a tener cierto control sobre sus poderes. Rompió el candado de una bicicleta concentrándose en él y aprendió a hacer trampa en los exámenes leyendo las mentes de los alumnos más estudiosos.
Puharich creía haber hecho el descubrimiento del siglo. Como la mayoría de los dotados afirman que no pueden conectar o desconectar sus poderes a voluntad, los investigadores no habían logrado averiguar nunca si mentían o no. En cambio, los poderes de Geller parecían estar a su disposición siempre que quería.
En este punto, los acontecimientos se modificaron de forma inesperada. En la mañana del 1 de diciembre de 1971, Geller fue hipnotizado por Puharich, quien confiaba en descubrir así el origen de sus poderes. Puharich le preguntó dónde estaba y Geller le replicó que se encontraba en una gruta, y que estaba «aprendiendo cosas acerca de gente que viene del espacio.» Agregó que aún no se le permitía hablar sobre esto. Puharich le hizo retroceder más y Geller empezó a hablar en hebreo, su lengua materna. Describió un episodio que, según dijo, había ocurrido cuando tenía tres años. Había entrado en un jardín, en Tel Aviv, y súbitamente percibió la presencia de un objeto brillante en forma de cuenco que flotaba en el aire, sobre su cabeza. En el aire había un sonido agudo y vibrante. A medida que el objeto se acercaba, Uri se sintió bañado en luz y cayó desvanecido al suelo.
Mientras Geller contaba estos hechos, Puharich y sus compañeros de investigación quedaron asombrados al escuchar una voz en el aire, encima de sus cabezas. Puharich la describió como «metálica y no terrenal». «Fuimos nosotros quienes encontramos a Uri en el jardín cuando tenía tres años -dijo la voz fantasmal-. Le hemos programado para que ayude a la humanidad.»
Cuando Geller despertó, no parecía recordar lo sucedido, de modo que Puharich le hizo escuchar la cinta en que había grabado la sesión. Aseguró no recordar el episodio, pero cuando la voz metálica comenzó a hablar, Geller extrajo la cinta del magnetofón. Mientras la tenía en la mano, la cinta desapareció. Después, Geller salió corriendo de la habitación.
¿Qué había sucedido? La explicación escéptica es que Geller usó sus dotes de ventrílocuo y después cogió la cinta, haciéndola «desaparecer», para que no se pudiera comprobar el parecido entre su propia voz y el «ser espacial» de la cinta. Pero Puharich y los demás dijeron que la voz venía de encima de sus cabezas y que parecía mecánica, como fabricada por una computadora.
La voz misteriosa fue sólo el primero de una serie de hechos extraños e inexplicables. No pasó un día sin que las misteriosas «entidades» hicieran cosas sorprendentes. Detenían el motor del coche, y volvían a ponerlo en marcha. «Teleportaron» la cartera de Puharich desde su casa de Nueva York hasta su apartamento de Tel Aviv. Cuando Geller y Puharich se dirigían a una base del ejército, fueron seguidos por una luz roja en el cielo que no era visible para su escolta militar. De hecho, Geller llegó a fotografiar una «nave espacial», siguiendo las órdenes de la voz metálica.
¿Era una broma? ¿O alguna clase de truco? Puharich, por lo menos, estaba convencido de que no había fraude. Unos años antes, un dotado le había transmitido mensajes de unos seres misteriosos que se llamaban a sí mismos los «Nueve» y que decían venir del espacio exterior. En una de las sesiones hipnóticas con Geller, Puharich preguntó si la voz era la de uno de los Nueve y la respuesta fue «sí». Después preguntó si los Nueve eran responsables de las observaciones de OVNIS, y de nuevo la respuesta fue afirmativa. La voz dijo que los Nueve eran seres de otra dimensión y que vivían en una nave estelar llamada Spectra, que estaba a «53.069 edades-luz de distancia». Habían observado la Tierra durante miles de años y habían aterrizado en América del Sur hacía 3.000 años. Y pronto demostrarían su existencia aterrizando de nuevo…
Es fácil reírse de todo esto y tachar a Puharich de crédulo. La explicación más sencilla sería que Geller había estado leyendo las obras de Erich von Däniken y había decidido engañar al ingenuo investigador. Pero si la descripción de Puharich es exacta, es totalmente imposible que Geller pudiera realizar algunos de los «trucos» más espectaculares.
¿Acaso Puharich mintió? Esta hipótesis también debe ser descartada. El propósito de Puharich era, simplemente, probar que Geller poseía poderes paranormales, y lo único que pretendía hacer era organizar pruebas científicas; como las que realizó después en Estados Unidos. Los acontecimientos posteriores no hicieron más que perjudicarle.
Pero la hipótesis de los Nueve es igualmente difícil de creer, y Geller dice que él mismo no la acepta: los acontecimientos descritos por Puharich le dejaron totalmente atónito, y no tiene ni idea de su explicación.
El mismo Geller estaba bastante preocupado por estos extraños acontecimientos. A diferencia de Puharich, no deseaba convencer al establishment científico de la realidad de sus poderes; le interesaba más ser rico y famoso. Y los sorprendentes trucos de los Nueve no parecían acercarlo a esos fines.
Cuando Puharich ya se había marchado por unas semanas, Geller fue a su apartamento y encontró una carta del investigador en el felpudo. La carta decía que Puharich no podría salir de Estados Unidos en los tres meses siguientes, y después se reuniría con Geller. De acuerdo con esto, Geller decidió llevar a cabo una tournée por Alemania. Llamó a Puharich para preguntarle las razones de su demora, y éste, asombrado, negó haber escrito la carta. En ese momento, ambos pensaron que la carta era otro «mensaje» de los Nueve. La «prueba» era que había desaparecido del bolsillo de la camisa de Geller mientras estaba en el avión; obviamente, había sido desmaterializado por el propietario de la voz metálica. Una explicación más simple podría ser que Geller hubiese inventado la carta.
Sin embargo, el incidente convenció a Puharich de que los Nueve querían que él permaneciera en Estados Unidos, tratando de persuadir a varios eminentes hombres de ciencia de que valía la pena investigar a Geller. Mientras tanto, su mudable e imprevisible protegido se trasladó a Alemania, a su primera cita con la fama y la fortuna o, al menos, con la notoriedad y la publicidad.
Uri Geller
Uri Geller (Tel Aviv, 20 de diciembre de 1946) es personaje televisivo, conocido por declarar tener poderes psíquicos.
Comenzó su carrera como mago en clubes nocturnos israelíes. Comenzó a ser conocido por sus actuaciones en las que afirmaba tener habilidades paranormales como la telequinesis, la telepatía y la búsqueda de agua subterránea; podía verse cómo se doblaban objetos metálicos y se paraban relojes, o se hacían funcionar más rápido, sin aparentemente ninguna fuerza física aplicada sobre ellos. Aunque mucha gente cree que es realmente un psíquico, tiene numerosos críticos
Historia
Nacido de padres húngaros y austríacos, le llamaron Uri por un primo que había muerto en un accidente de autobús.
Según Uri Geller, se dio cuenta por primera vez de sus habilidades cuando tenía cuatro años. Cuenta que estaba en el jardín de una familia árabe, al lado de su casa, cuando fue golpeado por una luz desde el cielo que le tiró al césped, tras lo cual corrió a decírselo a su madre. Poco después, mientras tomaba sopa, su cuchara se dobló y se rompió.
Vivió en Chipre desde los 11 a los 17 años. Sirvió como paracaidista en el Ejército de Israel, y fue herido en acción durante la Guerra de los Seis Días, en 1967. Trabajó como modelo fotográfico en 1968 y 1969.
En 1969 comenzó a actuar para públicos reducidos como mago, pero pronto llegaría a ser famoso en todo Israel. En el apogeo de su carrera, en los años 1970, trabajó a tiempo completo actuando para televisiones de todo el mundo.
Uri Geller llegó a Munich en junio de 1972 e inmediatamente comenzó a hacerse notar junto con su agente Yasha Katz, quien le preparaba los trucos. El principal de ellos consiste en «doblar cucharillas». Para ello, utiliza distintas técnicas que han sido mostradas varias veces por diversos ilusionistas.
Geller se retiró parcialmente de la vida pública en los años 1980. Alegó estar concentrándose en disfrutar de la riqueza acumulada por encontrar aguas subterráneas, Geller afirma que numerosas compañías contrataron sus servicios para encontrar petróleo, oro y minerales, pero que son reacias a admitirlo. Recientemente, sus actuaciones, como el doblado de cucharas, se han vuelto mucho menos frecuentes.
Geller ha escrito dieciséis libros, tanto de ficción como no ficticios. Ahora vive en Sonning-on-Thames, Berkshire, Inglaterra, en una finca junto al río Támesis. Sigue apareciendo en público de vez en cuando, está implicado en diversos proyectos de arte y diseño, y escribe artículos para periódicos, revistas e Internet. En 2002 fue nombrado copresidente honorario del club de fútbol Exeter City, aunque posteriormente cortó relaciones con dicho club. Es un vegano y habla cinco idiomas: inglés, hebreo, húngaro, alemán y griego.
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